Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea.
Debemos escuchar al niño que fuimos un día y que existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de instantes mágicos.
Sucede que un año nos descubrimos adultos y no se relaciona al día en que cumplimos años sino aquel instante en que notamos cambios, hechos o acontecimientos que nos hacen actuar de un modo diferente, consecuente con que todos a nuestro alrededor también crecen, algunos a la par y otros a su tiempo !
Hace unos días tuve ese sentimiento, haber crecido de repente; impensadamente y llegado el Día del Niño debí asumir que ya no entraba en una juguetería o en una tienda de niños a comprar los tan ansiados regalos, atractivos, didácticos y multicolores debí mirarlos desde la vidriera y seguir mi camino; nostálgico y emocionado a la vez, avancé en busca de otra tienda.
Es que “ellos”, seres mágicos que iluminan nuestros días lejos estaban ya de querer un juguete.
Rememorando trate de encontrar el momento en que yo dejé de esperar el regalo del “Día del Niño”, y sin embargo no logré recordar cuando fué, y probablemente ellos tampoco tomen consciencia del año en que cambiaron de recibir regalos de niños para sentirse ya con capacidad de optar por otros presentes mas relacionados a su edad, entorno y época.
Hoy naturalmente desearía volver el tiempo atrás, verlos niños siempre y disfrutarlos con sus inocencias, alegrías, ocurrencias que nos hacen tanto lagrimear como sonreír emocionados mientras secamos disimuladamente esas gotitas que mojan nuestras mejillas; quizás también nos de nostalgia asumir lo rápido que pasaron esos años.
Llegado el Día del Niño siento que pude vivir plenamente mi niñez así como también cada día en que ellos, “mis angelitos” transitaron esa etapa tan hermosa e inocente. Con tropiezos, saltos y resbalones “que lindo es ser Niño”.
En tiempos y formas diferentes todos fuimos niños y es hermoso conservar ese sentimiento en nuestro interior dejándolo volar cuando así lo sentimos, volver a jugar aunque no sea con juguetes, reír hasta llorar y no avergonzarnos, besar a nuestros seres queridos con la pasión y ternura que solo un niño tiene, desinhibirnos y mostrar una sola cara, ni más ni menos la que refleja el corazón.
Hoy quiero volver a ser niño y que este día no termine nunca aunque sea sin jugueterías ni envoltorios multicolores o grandes moños en los regalos !
Deseo que mis “niños” festejen su día sin importar la edad que tengan porque yo este día me sentiré NIÑO junto a ellos !
Feliz Día a todos los que aun llevan ese niño dentro.
“Grande es aquel que no ha perdido su corazón de niño…”